Como todos los años, desde hace ya algunos, celebramos el Dia Internacional contra la Violencia de Género. El día 25 de noviembre ya se ha convertido como una referencia, más que ese día, yo creo que todo el mes de noviembre, mes en el que se organizan multitud de actos y actividades de concienciación y sensibilización contra la violencia de género. Se han producido grandes avances en esta lucha contra la violencia de género, no hay duda, pero desgraciadamente sigue siendo un tema que está de actualidad, que arroja unas cifras reveladoras de la magnitud de esta lacra y de la desigualdad existente en nuestra sociedad entre mujeres y hombres. Porque es precisamente la desigualdad, una desigualdad de siglos, la que ha hecho posible y sigue alimentando este terrible fenómeno de la violencia contra las mujeres. La violencia no puede seguir siendo una estrategia de dominación, no puede seguir siendo un instrumento para regular la relación de pareja. Se trata de trasladar la democracia al ámbito privado. El camino hacia la igualdad de hombres y mujeres está lleno de obstáculos que deben ser superados y por eso debe intervenir la política con toda la energía, como lo está haciendo.
Han tenido que pasar muchos años para que la violencia contra las mujeres se empezara a considerar como lo que es: un problema político que los poderes públicos tienen la obligación de solucionar. No estamos hablando de un asunto privado circunscrito al lugar o al núcleo familiar; en este aspecto pienso que se ha hecho un gran trabajo, el conjunto de la ciudadanía ya comparte que se trata de una flagrante vulneración de los derechos fundamentales de las mujeres y que no hay que mirar hacia otro lado.
La Ley Orgánica de medidas de protección integral contra la violencia de género, aprobada por el Gobierno Socialista en la anterior legislatura marcó claramente un punto de inflexión en la tarea que, como sociedad tenemos encomendada, y es acabar con esta lacra social. Fue la primera Ley que se aprobó, cumpliendo el compromiso electoral del Presidente Zapatero.
La Ley  ha vertebrado y estructurado la lucha contra la violencia de género. Con la Ley nos dotamos del instrumento fundamental, puesto que supone el marco general formativo y operativo para conseguir el objetivo, aunque éste sea difícil: ofrecer una respuesta integral a las víctimas y combatir la violencia de género que una sociedad democrática como la nuestra, no se puede permitir. A los tres años, tal como señala la misma Ley, se presentó un informe que reflejaba el balance de los tres años transcurridos y del intensísimo trabajo realizado y las numerosas medidas adoptadas, al amparo de la misma Ley; del citado informe pudimos ver que la Ley está cumpliendo los objetivos para los que fue promulgada, hay más denuncias, más mujeres que logran salir de la espiral de la violencia, más protección, más asistencia social y mayor conciencia ciudadana. No se trata de autocomplacencia, en absoluto, porque queda mucho por hacer. Pero lo que no podemos hacer, en ningún caso, es reducir la efectividad de la Ley a una guerra de cifras.
Y seguirnos trabajando en esta cuestión, en este sentido, recientemente se ha aprobado en la Comisión de Igualdad del Congreso de los Diputados, un informe sobre la Ley, en el que se ha trabajado durante casi un año, oyendo a comparecientes de todos los sectores que trabajan en la lucha contra la violencia de género, hemos recibido y escuchado a juristas, sanitarios, asociacionismo, seguridad ciudadana, representantes de las diferentes administraciones, representantes sindicales, de los medios de comunicación…
Y lo fundamental y que quiero destacar especialmente, es que se ha llegado a un consenso unánime de todos los grupos políticos en cuanto al informe de conclusiones, en el que se señala como dato importante que la Ley es el mejor instrumento que nos hemos dado para erradicar esta violencia, pero también ha servido para detectar los puntos débiles de la misma en los que debemos seguir trabajando e insistiendo. Destaco el consenso alcanzado, porque la sociedad no entendería que en una cuestión tan importante para todas y todos, se impusieran, por encima de la responsabilidad y el sentido común, los intereses partidarios o partidistas.
Desde el PSOE seguiremos trabajando día a día, renovando nuestro compromiso de lucha para erradicar la violencia que se ejerce contra las mujeres, en España y en el mundo, y para que la igualdad entre mujeres y hombres sea una realidad.

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