Manila, 25-09-2008 (EFE).- La Conferencia sobre Migración, Género, Igualdad y Desarrollo reúne hoy y mañana a 300 especialistas en Manila para analizar la inmigración femenina, un fenómeno creciente que afecta a casi la mitad de los 176 millones de emigrantes del mundo, según cifras de 2006.

“Las mujeres son más vulnerables a los abusos de los derechos humanos y la explotación. Los países deben aumentar las salvaguardas para protegerlas”, ha dicho Myrna T. Yao, directora de la Comisión Nacional para el Papel de la Mujer de Filipinas, un país que ve cómo unos 2.000 ciudadanos emigran cada día (la mitad de ellos mujeres).

“Hay países donde las mujeres tienen que someterse a un test de embarazo cada seis meses y, si dan positivo, son expulsadas”, dijo Jean D’Cunha, representante del fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer.

“Hay naciones cuya legislación no permite que las criadas extranjeras cambien de sector laboral. Hay gobiernos que no conciben la inmigración más que como una necesidad molesta” continuó en que declaraciones que fueron recibidas con los aplausos de una audiencia compuesta casi al completo por féminas.

La portavoz de la Organización Internacional de Trabajo, la mexicana Gloria Fontes, señaló que “la inmigración puede ser positiva para la mujer porque recibe un salario y deja de depender de su marido. Además, está expuesta a la influencia de un país donde normalmente existe más cultura de la igualdad.”

“Pero los beneficios no son automáticos”, alertó.

“Las mujeres trabajan en lo que se conocen como sectores invisibles (principalmente, como empleadas del hogar o prostitutas), donde la legislación es discriminatoria o excluyente. Además, lo tienen aún más complicado que sus compañeros masculinos para encontrar un trabajo cualificado o ver reconocido su nivel formativo”, añadió Fontes.

Otro de los problemas asociados al aumento progresivo de la emigración femenina es la situación de desprotección en que quedan los hijos.

“Unos 26 millones de niños filipinos han visto cómo alguno de sus padres dejaba el hogar familiar para trabajar fuera del país. Si el progenitor sale sin un permiso de trabajo pueden pasar años sin que logre regresar a casa”, alertó Vanessa Tobin, de UNICEF Filipinas.

“Las implicaciones emocionales que esto produce, especialmente si la que se marcha es la madre, son enormes”, añadió Tobin.

Por estas cuestiones y otras, casi todos los ponentes de la conferencia coincidieron en la importancia de analizar el fenómeno de la inmigración desde la perspectiva de las mujeres.

De hecho, uno de los objetivos de la cita es enviar un conjunto de recomendaciones en este sentido al segundo Foro Global sobre Migraciones y Desarrollo, que se celebrará también en Manila del 27 al 30 de octubre, y al que asistirá el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon.

“La emigración no va a desaparecer; la gente va a seguir saliendo de su país en busca de un futuro mejor. Los gobiernos deben llegar a acuerdos con los países receptores para que los trabajadores, especialmente las mujeres, se vayan con la mayor protección posible”, dijo Gloria Fontes.

La embajadora de Filipinas en Alemania, Delia Domingo-Albert, en cambio, se preguntó: “Tras 30 años de migraciones de filipinas, ¿queremos enviar a una tercera generación de mujeres como empleadas del hogar?”.

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