Querían empezar por agradecer la invitación a participar en esta mesa, ya que desde la FENADEE nos parece muy importante que los colectivos de migrantes empiecen a tener voz y puedan participar en foros como éste.
Yo os voy a hablar desde mi doble militancia por un lado como asesora de la FENADEE pero, en una mesa como esta, me resulta imposible omitir mi condición de militante socialista, y coordinadora de Alianza de Civilizaciones dentro de la OSPC.
Voy a intentar ser breve, pero me parece importante hacer un pequeña introducción sobre como ha cambiado el mundo en las últimas décadas.
Si hablamos de migración, tenemos que empezar por decir que Europa siempre ha sido un continente de emigrantes. Podriamos decir que casi desde el neolítico pasando, por qué no, por el colonialismo.
En realidad, Europa empieza a recibir inmigración a partir de la II Guerra Mundial con la industrialización, éste es un momento en el que claramente se puede hablar de países de origen y países de destino.

Esta inmigración se recibe o de las ex colonias, o vía convenios firmados entre los países de origen y los países de destino. Se concibe al inmigrante como un trabajador invitado, un hombre o una mujer sólo visible en horas laborales y completamente invisibles fuera del horario laboral.
Con la crisis del petróleo y la consiguiente crisis económica, los Estados llegan a la convicción de que no hace falta más mano de obra inmigrante, y empiezan a surgir legislaciones enormemente restrictivas; en este momento no era previsible el posterior desarrollo del sector servicios, sobre todo en países como el nuestro. Un sector que necesita mano de obra de manera extensiva y no necesariamente cualificada. A pesar de esta nueva necesidad del mercado laboral y de la incapacidad de cubrir esta demanda con trabajadores nacionales, la legislación sigue siendo mayoritariamente restrictiva.
Si hablamos de nuestro país, antes del año 85 ya existía población extranjera, sobre todo latinoamericanos, lo que ocurría es que se parecían tanto a nosotros que no eran visibles y nadie hablaba de inmigración.
A partir de, aproximadamente, el año 86, empiezan a llegar hombres y mujeres con culturas más o menos diferenciadas de la nuestra, y con religiones diferentes a la predominante en España. Además, la llegada de pateras a nuestras costas hace visible la inmigración ilegal.
Entonces empieza a construirse desde la derecha el discurso del miedo, así mientras nadie niega la relación que existe entre mano de obra migrante y crecimiento de la economía española, el 35% de los españoles conciben la migración como un problema.
Este miedo al otro aumenta teniendo en cuanta que el escenario global también ha cambiado; por un lado ya no podemos hablar claramente de sistemas migratorios; porque en este mundo globalizado prácticamente todos los Estados son a su vez origen y destino de migrantes.
Por otro lado los atentados del 11 de septiembre y del 11 de marzo son utilizados como argumento por los sectores que venían construyendo la Teoría del Choque de Civilizaciones. “El otro”, ya no es únicamente el responsable de que “haya más delincuencia” o el que “se queda con mi puesto trabajo”; ahora ese otro pone en riesgo mi seguridad, ese “otro” es ahora “un terrorista”. Y lo es por el simple hecho de creer que es distinto, que viene de otra cultura, y fundamentalmente si hablamos del Islam, porque tiene una religión diferente a la mía.
Siempre ha habido sectores empeñados en que existen civilizaciones condenadas a no entenderse y por tanto, a chocar, obviando que la historia de la humanidad no es sólo una historia de guerras, si no también un historia de entendimientos e intercambios tanto culturales como comerciales.
No podemos negar que vivimos en un mundo convulso, donde las desigualdades entre norte y sur parece que cada vez son mayores. Un mundo en el que mientras a diario vemos en los medios de comunicación grandes avances en medicina, 3 may de personas mueren cada año de enfermedades que se podrían evitar;
Un mundo en el que 130 may. de niños no tiene acceso a la educación.
En este mundo globalizado se impone un análisis y una solución también globalizada y pactada, contando con todos y con todas, porque el acuerdo es siempre el camino, al menos el mejor que conocemos.
El cambio, a mi modo de ver, debe de empezar por cambiar la mirada hacia el otro. Más aún, teniendo en cuenta la crisis de identidad que se vive en los países llamados del primer mundo.
Es imprescindible que entendamos que la identidad, eso que nos diferencia de otros y nos hace ser nosotros mismos, no está formada por compartimentos estancos, si no que viene definida por las vivencias, las convicciones, y nuestra propia trayectoria vital.
Dice Amin Maalouf que cuando le preguntan de donde es, siempre explica que forma parte de su identidad tanto su origen libanés como sus vivencias en Francia, pero que siempre le acaban preguntando, bueno, pero en realidad tu de donde te sientes. Para él esto responde a la convicción de que en el fondo de cada persona hay una esencia que configura realmente su identidad y que normalmente tiene que ver con la pertenencia a una cultura o a una religión y que lo que en realidad se está pidiendo a una persona cuando se le pide que reafirme su identidad, es que rescate esa pertenencia y la enarbole frente a los demás, frente al otro.
Esa mirada al otro de la que hablaba antes, debe empezar por configurar un sistema que permita asumir identidades compuestas, que ponga el énfasis en la diferencia no como un riesgo, si no como un enriquecimiento para una sociedad cada vez más intercultural y mestiza.
También tenemos que hacer un esfuerzo por romper la concepción del mundo dividido en sociedades según su grado de civilización, y claro, como somos nosotros, el llamado “primer mundo” el que hace esa división, la nuestra siempre es la más civilizada y el resto las más primitivas. Debemos hacer también un esfuerzo por intentar sentar las bases de un diálogo horizontal, de igual a igual que nos permita abandonar la concepción asistencialista bien del pobrecito que es así porque es su cultura, cuando no del buen salvaje.
Me gustaría volver en este punto al tema de los colectivos migrantes. Con demasiada frecuencia nos quedamos en “ese pobrecito que viene a España porque en su país no tiene recursos suficientes”. Por un lado la migración no es sólo una migración económica, también existe una parte que tiene que ver con un proyecto vital propio. Y más allá de eso, damos por hecho que los migrantes vienen a España “vírgenes” por decirlo de alguna manera. Cuando en realidad, en muchos casos pueden aportar una experiencia en participación política y comunitaria en sus países de origen que a nosotros nos podría servir para regenerar el sistema y recuperar la confianza de los ciudadanos en el propio sistema.
Además quiero aprovechar este foro para denunciar la situación de los colectivos de migrantes en la Comunidad de Madrid, el Partido Popular ha establecido una reglas del juego en las que directamente se intenta comprar a las asociaciones, y la que se resiste es sometida a un acoso y derribo constante. Como ejemplo puedo poner mi propia organización en la que la nueva directiva ha tenido que sufrir innumerables problemas por no querer alinearse del lado del PP. Han llegado incluso a amenazar a asociaciones federadas con no darles subvenciones si no abandonaban la FENADEE.
Por si esto fuera poco los CEPI que ha creado la Comunidad están mayoritariamente en manos del OPUS DEI y Legionarios de Cristo, de manera que se han convertido en centros de adoctrinamiento.
Creo realmente que como socialistas tenemos que ser valientes y tomar la iniciativa de ese cambio hacia ese mundo siempre posible. Tenemos que pactar y construir con el resto de los pueblos que configuran la aldea global otras reglas del juego más respetuosas con la diferencia, una realidad en la que quepamos todos y todas.
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